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Lastenia Canayo, artista que llama a los colores

Sentada sobre un entablado, bajo un techo de calaminas que la protege de los rayos del sol, lejos del taller en el que trabajó por años y que abandonó debido a las inundaciones, así encontró La Voz Ucayalina a Lastenia Canayo, una de las artistas shipibo – konibo más importantes de los últimos años.

Lastenia Canayo, artista cumbre de la cultura shipibo. | Foto: Santiago Romaní


También conocida como ‘‘Pecon Quena’’, nacida hace 60 años en la comunidad nativa Roroboya, en el bajo Ucayali heredó el arte de su madre, Maetsa Rahua, que en castellano significa ‘‘La que ve un sonido’’.

A los 20 años inició su carrera artística y tiempo después conseguiría logros, reconocimientos, pero también tristeza. Contrario a lo que podamos imaginar, en esta región el trabajo de ‘‘Pecon Quena’’, que busca mantener vivas las costumbres y tradiciones de nuestra cultura a través de sus obras, pasan desapercibidas.

‘‘No me gusta que las autoridades y las personas no me reconozcan. Fuera de aquí sí lo soy. Me hace sentir mal no tener apoyo en mi región’’, explica la artista mientras nos muestra parte del trabajo que suele darle de comer.


Lastenia ha participado en exposiciones y ferias nacionales e internacionales en Brasil, Colombia, Estados Unidos y Francia. En 2014 fue reconocida como Personalidad Meritoria de la Cultura por su importante contribución a la cultura peruana.

Ibos, seres de su imaginación y que resumen su obra. | Foto: Santiago Romaní


Su concepción animista de la naturaleza le permite plasmar mediante el dibujo, la pintura y el bordado a los ‘‘Ibo’’, quienes en la cosmovisión shipibo - konibo representan a los protectores de la naturaleza. Se trata de espíritus que otorgan poderes a las plantas y animales para transformar el mundo en un lugar mejor.


‘‘Para soñarlos debo estar cerca de las plantas para ver cómo es el dueño, cómo es su cuerpo y su tamaño (…) en mis sueños, yo les agradezco, por eso no me burlo de las plantas porque nos pueden castigar’’, advierte.

Lastenia es una mujer de pocas palabras. Mira y sonríe, aunque es difícil interpretar sus gestos.


Pese a los inconvenientes para interactuar con ella, “Pecon Quena” nos detalló uno de sus logros más importantes en el 2000, cuando fue convocada por el historiador peruano Pablo Macera para compartir y pintar relatos que le contaron y que trata de transmitir a las nuevas generaciones. El resultado fue la publicación de dos libros.


De vida o muerte


Más de 500 shipibos fallecieron a causa de la Covid-19. El país pudo haberla perdido hace tres meses, cuando tuvo que ser internada de emergencia. La peste del coronavirus le dejó secuelas graves que ahora debe enfrentar a diario.


Es evidente la dificultad que tiene para hablar o caminar. Bordar, pintar y crear cerámicas se vuelve cada vez más complicado, dice. Es como si se estuviera disipando el recuerdo de aquella mujer fuerte que luce en decenas de vídeos y documentales que protagonizó.

‘‘Me estuve tratando con plantas, pero cuando ya no pude tuve que ir a la clínica y gracias a unos amigos pude pagar. Yo no tengo dinero’’, lamenta la artista.

La pandemia dejó secuelas a la artista. | Foto: Santiago Romaní


Esta pandemia no solo afectó la salud de Lastenia, también lo ha hecho con su economía. La Covid-19 impide que “Pecon Quena” pueda viajar a los lugares ya acostumbrados para promocionar su trabajo.

‘‘Ya no puedo viajar a vender mis trabajos. Ahorita no puedo hacer nada. Me está yendo mal’’, confiesa.


La tristeza de “Pecon Quena” es algo que no se puede manejar fácilmente. Es el reflejo de muchos artistas que se sienten abandonados. Hay momentos, dice, que busca respuestas en los Ibo. Soluciones que la ayuden a superar los malos momentos, pero aun no las encuentra.

Hablar de Pecon Quena no solo es hablar de arte, tradiciones o costumbres. Debería ser un deber en las escuelas e instituciones públicas transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones. Es una deuda pendiente que tenemos como sociedad, como país.


Lastenia Canayo actualmente vive en la casa de su sobrino, a quien ha criado como un hijo, en la Mz. K Lt. 21 del asentamiento humano Roberto Ruiz Vargas, en Yarinacocha. Allí ha instalado su taller, donde muestra, a quienes se interesan en sus obras. ¿Qué esperas para darte una vuelta y conocer a ‘‘La que llama a los colores’’?


Irwing Letona