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Muerte y narcotráfico en Ucayali*

Alerta en la Amazonía. En una reunión de autoridades, en la ciudad de Pucallpa, en un conocido hotel del distrito de Yarinacocha, emisarios colombianos de los narcotraficantes amenazaron a ambos dirigentes entrevistados por CARETAS.

Berlín Diques(44), asháninka, teme convertirse en una cifra más en la estadística de asesinatos a líderes indígenas. | Foto: Santiago Romaní


El asesinato de los indígenas Cacataibos Yénser Ríos (30) y Herasmo García (28) fue un lío de familias en rivalidad por el control del territorio para permitir el actuar del narcotráfico. Líderes amenazados acusan al ministerio del Interior de no hacer nada a pesar de conocer la situación.


El 14 de febrero, el cuerpo de Yénser Ríos, indígena Cacataibo fue hallado en Puerto Nuevo. Un disparo en la cabeza, luego de ser torturado, acabó con su vida. Los responsables serían familiares de Herasmo García, también indígena de la comunidad Cacataibo, quienes, según una fuente cercana informó a CARETAS, en desacuerdo con los tratos de Ríos con el narcotráfico y viendo reducido su espacio de acción con la rentable pero ilegal actividad, tomaron esa decisión. El 25 de febrero la familia de Ríos tomó venganza y asesinó a Herasmo García, quien era un vocero de su comunidad, Sinchi Roca I, sin embargo, su cuerpo fue hallado en Sinchi Roca II.

Yénser Ríos(30), torturado y asesinado en lío de familias que pugnan por el control de territorio al servicio del narcotráfico. | LVU


“Sea cual fuese el móvil, allí está presente el narcotráfico. Ya sea que haya sido un lio familiar, hay que ser conscientes de la presencia del narcotráfico, y los cultivos en la misma comunidad atestiguan ello”, sostiene Berlín Diques, presidente de la Organización Regional Aidesep Ucayali (ORAU).


Diques, asháninka de 44 años, lleva una buena parte de su vida dedicada a denunciar actividades ilícitas dentro de las comunidades nativas y este nuevo episodio de violencia, que reconoce tiene una inusitada atención mediática, lo alerta de la degeneración de la misma. “Luego de algo así, con la culpa ya no se vive en familia, hay discrepancias y problemas y venganza por culpa del narcotráfico”, añade.

Imágenes en Puerto Nuevo, Irazola, Padre Abad, en 2019. Posas de maceración. Es el territorio más deforestado de Ucayali. | LVU


Asegura que es consecuencia de la indiferencia del Estado, de la falta de atención mediante políticas de cultivo alternativo y del trato diferenciado que las entidades tienen para los indígenas y los conocidos por ellos como “colonos”. “Un colono solicita una parcela independiente y se la dan, luego de tres meses ya está titulada, sin embargo, si un indígena la solicita pueden pasar 30 años sin ninguna acción de los órganos competentes”, zanja resignado.


El dirigente, quien denuncia amenazas desde hace varios años, se refiere al caso de la comunidad Unipacuyacu (Huánuco), en donde los indígenas, a través de su líder, solicitan la formalización de su territorio desde 1995. El 12 de abril del año pasado, luego de amenazas, el jefe de la comunidad, Arbildo Meléndez, fue asesinado por un colono, de quien se sabe confesó el crimen y estaría muy bien relacionado con narcotraficantes.

Miguel Guimaraes, representa más de 300 familias shipibo conibo de Ucayali. | Foto: Santiago Romaní


En el mismo sentido se pronuncia Miguel Guimaraes, presidente de la Federación de Comunidades Nativas de Ucayali y Afluentes (FECONAU). “En Flor de Ucayali, la cuenca de Utiquinía (Callería) y también en Tamaya (Masisea), los pobladores son amenazados por brasileños quienes ya han deforestado cerca de dos hectáreas de la zona para sembrar coca”, sostiene en comunicación con CARETAS.


Guimaraes, natural de la comunidad nativa de Flor de Ucayali y miembro de la etnia Shipibo Conibo, representa a más de 300 familias indígenas y señala que ha presentado senda evidencia ante el Ministerio Público. “Hemos presentado ante el Ministerio Público las pruebas de que todos los días hay personas trasladando insumos químicos, con armamento de guerra en las manos, pero pese a ello en las actas que elaboró la fiscaliza no consignan esos hechos”, refiere preocupado.

Mapa de ubicación de pistas de aterrizaje clandestinas en Tahuanía. (Mapa: Asociación ProPurús)


“Recibí amenazas, me enviaron imágenes de personas descuartizadas a mi teléfono. La presión es grande, luego de ello hay pobladores que lamentablemente ceden y se ven forzados a trabajar en la siembra y cosecha de hoja de coca”, finaliza. El narcotráfico no limita su actuar a estas zonas en Ucayali, sino que se habría expandido a Tahuanía, Callería, Iparía y Masisea, en donde la falta de delimitación mediante georreferenciación, permite el avance indiscriminado y sin control de los sembríos y la reactivación de pistas de aterrizaje.


Solo en Ucayali, refiere una fuente que por evidentes razones prefiere mantenerse en el anonimato, habría 47 pistas activas. Cerca de Nueva Italia, en camino a la frontera con Brasil, basta recorrer 60 kilómetros de trocha para contar cinco de ellas. Entre terreno destinado a sembríos y aeródromos informales, se habrían deforestado 42 600 hectáreas de terreno dentro de comunidades nativas.

Imágenes en Puerto Nuevo, Irazola, Padre Abad, en 2019. Posas de maceración. Es el territorio más deforestado de Ucayali. | LVU


La muerte de Yénser Ríos, quien habría andado en malos pasos, alerta sobre un problema real y palpable al que las autoridades deben ver de cerca. “Hemos dicho al ministro del Interior (José Élice) que actúen, ahí están las pruebas, o es que están coludidos como siempre con ellos, luego se lo dijimos al viceministro de Orden Interno (Carlos León), porque el ministro se había enojado y nos dejó en la reunión”, sostiene Berlín Diques.


El jueves pasado en una reunión de autoridades, en la ciudad de Pucallpa, en un conocido hotel del distrito de Yarinacocha, emisarios colombianos de los narcotraficantes amenazaron a ambos dirigentes entrevistados por CARETAS para la presente nota. “Yo soy permanentemente amenazado, casi al punto de asumir que en el futuro pueda ser parte de la estadística de víctimas del narcotráfico”, sentencia Diques.




Hugo Alejos/Samir Linares


*Texto publicado originalmente hoy en CARETAS

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